
Así fue cómo, una noche de septiembre de la segunda semana del mismo, fuimos a proporcionar una sensación de calidez embriagadora a nuestras neuronas machadas por los exámenes, es decir, a hacer botellón, una práctica penada por la prodigiosa legislación de nuestro país, que permite dejar en la calle a cuatro policriminales, antes que a un adolescente fiestero con ganas de buscar un sitio donde no ser descubierto ante semejante aberración.
Lo cierto es que entre esa masa de gentes que se esconde para comenzar una noche, existe un pequeño grupo guerrillero de tierras oscenses buscando su supervivencia, una noche más, por algún lugar del extrarradio urbano, al margen de toda imposición pseudogubernamental carente de todo sentido.
Con el viento fresco de las primeras tormentas otoñales pirenaicas nos dispusimos a encontrar un sitio recogido para empezar la noche, descorchamos las botellas de lambrusco, sacamos los vasos, los hielos y dimos vía libre a nuestras anécdotas.
Todavía paso un largo tiempo hasta que cambiamos a otro sitio más recogido para después dirigirnos al centro, bastante desolado por todas las fiestas rurales y por la propia depresión post-laurentina –por no hablar de la económica-. Después de encontrarnos con nuestras viejas amigas y andar sin rumbo, acabamos sentados sobre la parrilla pavimentada de San Lorenzo, riéndonos con sus chismes, disfrutando al fin y al cabo de una noche diferente y no tan decepcionante como esperábamos.
En medio de ese paisaje urbano apagado, los grupos de treinteañeros, quizás desesperados en la búsqueda de un bar acorde a sus necesidades generacionales, nos expresaban su profundo pésame por nuestro futuro: “Nunca os casareis”. Nos costó entender lo que trataban de decirnos, pero nos dimos cuenta de cómo señalaban a la parrilla sobre la que reposabámos y seguían repitiendo lo mismo, uno a uno.
No nos casaremos, pensamos, y nuestros corazones se entristecieron lo suficiente para terminar la noche en un súbito trauma. ¿Qué sería de nuestras almas? ¿De quién nos tendríamos que separar el día del último respiro? ¿Cuánto dinero perdería todos aquellos establecimientos vinculados a los bodorrios? ¿Cuál sería la desilusión de nuestras familias al conocer tal noticia?...Al final me levante con decisión, moví los dedos en cruz y pronuncie lo primero que se me paso por la cabeza a aquellos insistentes transeúntes: “In nomine patris et filii et spiritus sancti”. Después, agradecí profundamente al santo aquella oportunidad de seguridad vital que nos proporcionaba a las puertas de su templo.
Sucedió en Brasil
Hace 4 horas




6 Virreyes han informado:
mmmmmmmm me limito a suponer que hay alguna tradición a la que desconozco que implica arribar una conclusión a la que no llego! jejejeje...pero bueno, visto y considerando parece ser que es el estado etílico el que garantiza la diversión de ciertos sectores generacionales!...y que, por otro lado, nada tiene que ver con la situación geográfica en la que se circunscriba!!! jjejeej
Un abrazo!
Vas to locoooooooooooooooooo!
Borja, debo informarte de que tus escritos pseudooníricos son progresivamente más raros y divertidos. Supongo que, como todo texto que se precie, se basan en historias reales. ¿Estoy en lo cierto?
Si estoy en lo cierto, di sí.
Jeje, estas en lo cierto querido Shaviero...pero, a decir verdad, tengo que añadirle efectos especiales para que sea más divertido. Es en plan novelesco.
Vale, pero es que no has dicho que sí...
See!!!
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