Una dosis de mierda limpia y reluciente.

martes, 28 de abril de 2009


Estoy consternado. Hoy me remito a este rincón perdido entre los dominios de Microsoft para referirme a un asunto que me remuerde la conciencia desde que entro cada mañana, a las doce –hora local-, a la cocina del piso estudiantil donde habito.

Es en ese momento, tras darme cuenta de que estoy menos dormido, cuando emito un bostezo de pestilente aliento sabor a fresa y dirijo mis enfundados pies y mi vista hacia una sospechosa estructura en el fondo de la estancia.

Mierda, es un cubo de mierda grande y azulado con una bolsa azul de tiradores amarillos, ¿acaso hay algo más hortera que ese recipiente de plástico dentro de un cubo de plástico del mismo color? Creo que no.

Después de haber desayunado me acerco de nuevo al lugar del crimen y trato de tirar los desechos del banquete pero, algo lamentable ocurre, el cubo está lleno. Trato de acabar con la materia sobrante con una cucharilla de té, aunque, ya es tarde, los restos de zumo de naranja han hecho de pegamento natural y tengo que pensar en otra táctica.

Tras pensar un momento, apoyar la cabeza en la pared y observar el panorama, me rasco la nuca y procedo a depositar la materia sobre el resto de forma ordenada y con pulso de cirujano, siempre contando con la ventaja de que el cubo está en una esquina y puedo contar con el apoyo de un ejército de baldosas.

Decir que he conseguido deshacerme de la amenaza sería cierto pero ¿Cuánto presión más podrá aguantar ese monumento a la buena vida y a los vicios culinarios? Quizás algún día obtenga respuesta o quizás necesite de los servicios de Iker Jimenez para esclarecer tal problema. Reciclad y seréis libres, el camión de la basura mezclara todo y una gran frustración se apoderara de vuestra alma.

P.D: Dedicado expresamente a Judit con “h”, aunque no creo que lo lea.

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