
Cinco de la tarde, una hora después en España, el aula apestando a humanidad. Tras apañar la “trompetilla” de después de clase a duras penas, me incorpore y abrí la boca para bostezar, no tenía ganas ni de salir a estirar las piernas. Pasaron unos minutos hasta que llegó el profesor y todo el mundo se iba sentando en los pupitres de forma ordenada.
Para mí era una tarde más pero lo que iba a suceder me iba a dejar más que acojonado, ya que pude ver como mis mejores sospechas, sobre aquel especialista en historia borbonmaniaca, se cumplían, a falta de bien, a rajatabla.
Todo empezó como cada día, como cada clase, con la pregunta de si alguien se acordaba de lo que habíamos explicado el último día y como cada día y cada clase a cabo por autoresponderse y exigirnos un mayor índice de participación. Dadas las circunstancias (un fin de semana por delante y otras cosas que no invitan a ser reveladas), no se podía esperar que nadie tuviera la cabeza para recordar el índice demográfico de fiambres por metro cuadrado en el Antiguo Régimen, así que dio comienzo el sermón.
Ya llevaba un rato hablando cuando me dio por desconectar el alumno automático, antes de que me quedara frito encima de la mesa y recale en lo que estaba parloteando, a perdigonazo limpio. Al principio no parecía interesante, la peste estaba más que estudiada desde hace años y todo fue pura repetición de ideas olvidadas, pero lo curioso fue cuando lo que empezó a decir dio un giro de noventa grados para convertirse en una especie análisis médico sobre la patología en cuestión.
Sí, efectivamente, el bacilo Pasteurelia Pestis se dedicaba, feliz y libremente, a viajar de rata en rata hasta ser adquirido, gracias a una minoría considerable, por las pulgas, convirtiéndose de esta manera en Xinopsia Cheopis. Hasta aquí todo estaba bastante claro, para un médico, porque para futuros ratones de biblioteca, en busca de trozos documentales, la cosa ya pintaba negra tirando a muy jodida.
Pero, por si esto nos sabía a poco, el destino final de todo este proceso era el de llegar al cuerpo humano, llenándolo de pústulas, jodiendo los pulmones u otras muchas cosas agradables e imprescindibles de conocer para cualquiera de las cuarenta personas que estaban delante, las cuales habían pasado de una risa floja y tímida a la más sonora de las carcajadas, con la aclaración del mentor de lo beneficioso que puede ser el llegar a tener en casa tu propia pulga domestica dándote cariño.
Para rematar la faena caracterizó la peste como una enfermedad clasista, ya que, allá donde iba, acababa con toda clase popular que podía, argumento que me pareció algo cabal dentro de semejante truño de medicina (no te enfades Xavi jaja).
Finalmente, entre la anarquía reinante, sonó el esperanzador timbre, anunciando el fin de una de las clases más acojonantes a las que he tenido el placer de asistir. Aunque el ambiente que se respiraba era de preocupación, pues ¿de qué tema se hablaría la siguiente clase?
P.D: El blog del Buen Retiro no se hace responsable de las opiniones vertidas en este artículo sin animo de lucro, así como de los hechos y/o personas del mismo.
Sucedió en Brasil
Hace 4 horas




2 Virreyes han informado:
¡Si no me enfado! Cada cual a lo suyo, y Castán en lo de todos, es lo que siempre digo yo.
Ahora, lo del alumno automático (lo reconozco) me ha hecho reir. No me avergüenzo al reconocer que es el estado habitual de muchos estudiantes en clases con batallistas (léase: profesor que cuenta batallitas sin relación alguna con el temario). Ahora, que vosotros os riérais de las cosas que les pasaban a los pobrecillos afectos de la peste. Que no la llamaban "negra" porque fuera elegante, majestuosa y seria, no... la llamaban "negra" por "oscura" o "sombría", y más concretamente por las peazo lesiones que te dejaba en la piel, ¿eh?
Mmmh. Sé que no tienen nada que ver, ni siquiera tiene mucha relación con tu entrada, pero... Curiosa relación, entre la peste bubónica y la peste borbónica, ¿verdad? Bueno, pues no puedes emplear esta terminología, porque es un truño de medicina. Ji, ji.
Es broma. Sabes que te quiero. O tal vez no. ¿O sí? Duerme bien.
Estupendo!
Podías hacer una serie de relatos sobre tus clases...
:)
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