
Por un momento observe el cristal empapado por la centelleante lluvia de otoño, sus ojos me devolvían la mirada. Nada sabía de su vida, habían pasado tantos años que me parecían minutos, e incluso, segundos pero vi en su mirada a la misma persona, insegura y vulnerable. Mire hacia otro lado pero, no se inmuto, seguía igual que al principio, sus ojos eran una maldición que creía olvidada por el paso del infame tiempo.
¿Qué debía hacer? desde luego no era tan desconocida como pensaba, esa persona siempre me acompaño durante largos años pero ese era mi principal quebradero de cabeza, estaba ilusionado, ilusionado por creer que me había deshecho de ella para siempre pero no solo no lo había conseguido, sino que su presencia me hacía cada vez más débil y lo sabía. Nunca pensé como afrontar algo así, era mi talón de Aquiles y aunque dedicara ingentes esfuerzos por poner fin a esa maltrecha relación, era consciente de que las heridas del ayer sangraban con más fuerza que nunca, sabedoras de su poder para invitarme a pasar una tarde más de dudas y esperanzadores recuerdos que no volverán.
El cigarro se consumía entre mis dedos como si el asunto no fuera con él, pero no se trataba de eso, no permitiría que me pasara lo mismo, no era posible ver cómo, con el paso de los años, mi vida se consumía, incapaz de ser yo mismo, debía ser fuerte y afrontar mis miedos, tener valor para tomar mis propias decisiones sin apenas dudar. Algún día lo conseguiría, pero hoy no, hoy como todos los días sigo viendo a esa persona tímida e insegura que no sabe lo que quiere pero que tampoco se lo plantea ¿sería ese mi principal problema?, es posible. Me devolvió una sonrisa burlona y se perdió entre la lluvia, podía volver a estar tranquilo, al menos por unos días, pero volvería, llevaba veinte años conmigo, compartiendo montañas de recuerdos en mi cabeza.
Sucedió en Brasil
Hace 4 horas




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