La divinidad del divinizado divino...

sábado, 25 de octubre de 2008


Miro a un lado y a otro, todo era pasto de la desolación y el caos. Montones de cuerpos inertes de caballos y hombres de engalanadas vestimentas yacían sobre el pavimento de la calle, esparcidos a capricho como pintura sobre su lienzo. La noche se cernía sobre la ciudad, todo era oscuridad y el invernal frio de diciembre se calaba en los huesos con todas las de la ley.

Se le ocurrió pensar en la repercusión de su muerte, pues su herida no parecía tener un final feliz y bien lo sabía. Habían conseguido la paz, su paz, habían puesto contra las cuerdas doscientos años de existencia de uno de los imperios más grandes de la Humanidad, pero ahora todo se reducía a él.

Efectivamente, el pretendiente al trono de España y virtual protagonista del futuro más cercano de esa “nación” había sido asaltado en plena noche madrileña por un grupo de mercenarios proclives a una causa desconocida y, ahora, ni sus riquezas, ni sus cualidades divinas le iban a salvar.

Estaba amaneciendo, el resplandor de un nuevo día proyecto sobre el horizonte una gran mole en medio del paisaje urbano, el alcázar resplandecía cada vez más vivo, al compas de las escasas esperanzas de sobrevivir de aquel extranjero en tierras no bienvenidas.

Al momento, el ruido de unos pasos interrumpió el silencio de la madrugada. Se acercaban decididos hacia su posición, aquello era lo más parecido al sonido de la muerte. De entre la hilera de casas irregulares pudo vislumbrar, al fin, la silueta de un hombre tocado con un sombrero de ala ancha, acompañado con un jubón y una capa oscura agrietada. Sin duda se trataría de alguien, que por su aspecto, estaría atormentado por las deudas económicas acuciantes de ese lugar desde tiempos inmemoriales.

A pesar de sus esperanzadoras ilusiones vio como aquel hombre, escuálido, de tez pálida y ojos negros, hizo ademán de ayudarle pero, en vez de eso, entablo conversación con el enviado de dios. Empezó a hablar en un castellano de acento fuerte y, a cambio, solo obtuvo la respuesta temblorosa del moribundo en francés.

Tal fue su expresión de sorpresa que, llevándose la mano al cinto, blandió su vizcaína y la apuntó a varios palmos del cuello de aquel francés desconocido, no si antes afirmar: “Voto a dios, que vos trajisteis la tragedia a estas tierras agonizantes y por ello os honrare con el mismo fin que a mis hermanos”, tras lo cual llevó su mano hasta la frente del francés incrustando su cabeza en la pared y con la otra realizó un movimiento rápido y decidido hacia su cuello, desparramando hilos de sangre en todas las direcciones.

“Se ha hecho justicia con este hideputa”, esas fueron sus últimas palabras, tras lo cual guardo el acero y retomó su camino, no sin antes pegar un empentón a la cabeza del extranjero.

P.D: Dedicado a aquellos que deben morir bajo el peso de unas cuantas instituciones republicanas...solo unas pocas, bastarán.

5 Virreyes han informado:

Alanthos dijo...

Hay momentos en el que estás realmente inspirado, ¿lo sabías?

Me gustaría dejar mi comentario con sólo la frase anterior, pero entonces no sería yo, así que allá va:

¿Cuántos Borbones y borbonistas tendrá que matar, Don Borja, antes de que empiece a considerar que esta vuestra nación puede empezar a recuperarse y recobrar la tan ansiada República?

¡Hey, no me mires así! ¡Es ese maníaco que tengo en mi teclado, él lo ha escrito todo! ¡Él me obliga a hacerlo! Bueno... ya me entiendes...

... o tal vez no...

Bueno, feliz caza de monarcas. (Infeliz ironía; los reyes salían de caza cuando mandaban, pero se les cazaba cuando dejaban de mandar. Je.)

Borsha dijo...

Es la filosofía del usurpador cazado...xdd

Carlos dijo...

Borsha es una persona afeminada.

Borsha dijo...

Por eso te meteria todo lo gordo cariño. Tkm...





Pero con amor eh!!

Jesu dijo...

Oh dios mío, q pasa aquíiiiiiiiiiiiiiiiii, a ver si me tengo que apartar... :S

(yo venía a opinar)

(volveré)

(mejor no opino, que ayer me echaron una lección sobre napoleón que me dejó ko)